MADRID —
Las primeras instalaciones fotovoltaicas residenciales en España se conectaron a finales de los 90. Más de 25 años después, muchas siguen produciendo. La pregunta no es ya si los paneles durarán, sino cuánto rinden cuando se les acaba la cobertura, qué piezas necesitan recambio y si compensa renovar o aprovechar la inercia.
Lo que dicen los datos de campo
Los registros del CIEMAT y de instaladores históricos muestran que los paneles policristalinos de finales de los 90 conservan, en 2026, entre el 80% y el 85% de su producción inicial. Es decir: un panel de 200 Wp instalado en 1999 sigue produciendo unos 165 Wp. Los modernos N-type (TOPCon, HJT) degradan aún menos —0,25–0,4% anual— y mantendrán entre 87% y 92% de su producción a los 30 años.
El verdadero punto débil: el inversor
El panel es el componente más fiable de toda la instalación. El inversor, en cambio, suele necesitar reemplazo entre los 10 y 15 años. El coste actual de un inversor de 5 kW está entre 900€ y 1.500€, frente a los 2.500€ de hace una década. Para una instalación de 25 años de vida, hay que prever una o dos sustituciones de inversor a lo largo de su recorrido.
“Llevo 22 años con los mismos paneles y voy por el tercer inversor. Producen un 16% menos que el día que los colgué, pero siguen pagando la luz de casa.”
Cuándo conviene repotenciar (no sustituir)
Una opción cada vez más extendida es el 'repowering parcial': aprovechar la estructura existente y sustituir solo aquellos paneles que muestran degradación anómala detectada por termografía. La instalación recupera potencia sin tener que volver a tramitar permisos ni rehacer el cableado.
Cuándo sí merece la pena renovar entero
- Cuando la producción cae más del 25% sobre la nominal inicial.
- Cuando los paneles tienen defectos de PID (degradación inducida por potencial) generalizados.
- Si la instalación tiene más de 30 años y no incluye protecciones modernas.
- Cuando el espacio permite duplicar potencia con paneles más eficientes actuales.
El reciclado: tema cerrado en Europa
Desde 2014, los paneles solares están incluidos en la directiva europea WEEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos). El instalador o el fabricante están obligados a recoger y reciclar los paneles al final de su vida útil sin coste para el propietario. Se recupera hasta el 95% del material: aluminio, vidrio, silicio y cobre vuelven a circular.
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